lunes

PRINCESA Y CALLE MELANCOLIA


Joaquín Sabina canta una de las mejores canciones de su primera etapa, "Princesa", canción que también cantó y grabó Juan Antonio Muriel. Después, su célebre "Calle Melancolía", emblemático tema del primer Sabina, pero esta vez arropado por Luis Eduardo Aute, cantante y pintor autodidacta perteneciente a la izquierda-caviar de aquellos tiempos.
PRINCESA
"Entre la cirrosis y la sobredosis andas siempre, muñeca.
Con tu sucia camisa y, en lugar de sonrisa, una especie de mueca.
¿Cómo no imaginarte, cómo no recordarte hace apenas dos años?
Cuando eras la princesa de la boca de fresa,
cuando tenías aún esa forma de hacerme daño.
Ahora es demasiado tarde, princesa.
Búscate otro perro que te ladre, princesa.
Maldito sea el gurú que levantó entre tú y yo un silencio oscuro,
del que ya sólo sales para decirme, "vale, déjame veinte duros".
Ya no te tengo miedo nena, pero no puedo seguirte en tu viaje.
Cúantas veces hubiera dado la vida entera
porque tú me pidieras llevarte el equipaje.
Ahora es demasiado tarde, princesa...
Tú que sembraste en todas las islas de la moda las flores de tu gracia,
¿cómo no ibas a verte envuelta en una muerte con asalto a farmacia?
¿Con qué ley condenarte si somos juez y parte todos de tus andanzas?
Sigue con tus movidas, pero no pidas
que me pase la vida pagándote fianzas.
Ahora es demasiado tarde, princesa
Búscate otro perro que te ladre, princesa."
CALLE MELANCOLIA
"Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarriLlo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía".